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QUIÉN ES JESÚS (3)
 

 




Algunos aseguran que Jesús es un mito. ¿Se puede afirmar con toda seguridad que Jesús ha existido realmente?

Sí. En la antigüedad nadie puso en duda la existencia Jesús. Sólo a finales del siglo 18 conocemos algunos autores que comienzan a decir que Jesús no ha existido. A comienzos del siglo 20 hacen diversos intentos para explicar el origen del cristianismo sin la existencia de un personaje real llamado Jesús. Hoy la cuestión está resuelta.

Ningún investigador serio pone en duda la existencia de Jesús. Es cierto que de vez en cuando se puede leer en revistas o libros sensacionalistas a escritores que consideran a Jesús como un mito sin consistencia histórica alguna. Se trata, por lo general, de autores que desconocen la investigación actual o tratan de sorprender a sus lectores con planteamientos ingeniosos, pero carentes de fundamento.

Hoy los científicos no tienen duda alguna. El prestigioso biblista alemán Rudolph Bultmann, conocido por su talante extremadamente crítico, dice así: «En cualquier caso, la duda acerca de si Jesús ha existido realmente no tiene ningún fundamento y no merece ser refutada. Es indiscutible que Jesús está en el origen del movimiento histórico del cristianismo». Recientemente el historiador judío David Flusser, considerado como uno de los mejores conocedores del tiempo de Jesús, ha dicho que, con excepción de Flavio Josefo y, tal vez, de Pablo de Tarso, «Jesús es el personaje judío mejor conocido de su tiempo».


¿Cuándo nació Jesús? ¿Se puede saber la fecha exacta de su nacimiento?

Los historiadores sólo coinciden en que Jesús nació antes del año 4 a.C. La razón es sencilla. Jesús nació ciertamente a finales del reinado de Herodes el Grande. Por otra parte, sabemos por el historiador Flavio Josefo que Herodes murió a finales de marzo del año 4 a.C. en su palacio de Jericó. En concreto, la mayoría de los investigadores modernos fijan el nacimiento de Jesús entre los años 6 al 4 antes de la era cristiana. Nada más podemos afirmar con certeza sobre la fecha.

No deja de tener su gracia decir que Jesús nació antes de comenzar la era cristiana. Tiene su explicación. Nuestro calendario actual se debe a los estudios llevados a cabo por un monje que vivió a finales del siglo quinto en Roma. Lo llamaban Dionisio, el Exiguo. Al fijar la fecha del nacimiento de Jesús, el buen monje se equivocó en sus cálculos y la retrasó algo más de cuatro años.

 

Entonces, ¿por qué celebramos su nacimiento el 25 de diciembre? ¿No nació Jesús a las doce de la nochebuena?

Tenemos noticias de que hacía el año 336 se celebraba en Roma una fiesta de la Navidad el 25 de diciembre. Lo mismo sucedía en las Iglesias de África. Hacia finales del siglo cuarto, está fiesta está ya establecida en el norte de Italia, en Asia Menor y en otras partes.

El 25 de diciembre no es el día del nacimiento histórico de Jesús. Se escogió esta fecha para sustituir la fiesta pagana del Natalis solis invicti o Nacimiento del sol vencedor. Era una fiesta muy popular y se celebraba en el solsticio de invierno. A los pueblos primitivos les producía un cierto temor ver que en invierno los días se iban acortando, que las sombras de la noche se alargaban y que la luz del sol se iba apagando. Por eso, cuando comprobaban que, de nuevo, los días empezaban a alargarse y que el sol recuperaba su fuerza, lo celebraban con grandes fiestas.

Los cristianos, que no conocían la fecha exacta del nacimiento de Jesús, pues los evangelios no ofrecen información alguna, consideraron que estas fiestas del solsticio del invierno podían ser el momento más adecuado para celebrar el nacimiento del Salvador. Fue un gran acierto. Por eso en Navidad tiene tanta importancia la luz, los cirios, la alegría en medio de la noche... El evangelista Lucas recoge en su evangelio de la infancia un bello himno en el que a Jesús se le llama: «el Sol que nace de lo alto, para iluminar a los que están en tinieblas y en sombras de muerte, y para dirigir nuestros pasos por el camino de la paz». En este himno se puede entrever el clima en el que se gestaron y nacieron las fiestas cristianas de la Navidad.
 

¿Cómo se llamaba?

Antes de seguir adelante, quiero ofrecerte una aclaración. A veces hablamos de «Jesús». Otras veces, lo llamamos «Cristo». En la Iglesia se habla también de «Jesucristo». ¿No es todo esto un poco complicado? ¿Cómo se llamaba realmente?

Se llamaba Yeshúa. De ahí viene el nombre de Jesús. Seguramente a Jesús le gustaba, pues significa «Yahvé salva». Era un nombre muy corriente en tiempos de Jesús. Por eso, para identificar mejor a la persona, se solía añadir algo más. En concreto, a Jesús en su pequeña aldea de Nazaret lo llamaban «Yeshúa bar Yosefi», Jesús hijo de José. Luego cuando su fama se extendió por toda Galilea y más lejos, la gente hablaba de «Yeshúa ha notsri», Jesús, el de Nazaret.


Y entonces, ¿por qué lo llamamos también Cristo?

«Cristo» es una palabra diferente. A ningún niño se le ponía este nombre el día de su circuncisión. En la sociedad judía del siglo primero, el pueblo esperaba la llegada de un «Mesías» o Ungido de Dios, que liberaría a Israel de todos sus enemigos, e instauraría unos tiempos nuevos de bienestar y de paz. Al parecer, Jesús se resistió a que le llamaran «Mesías», pues lo que muchos esperaban era un liberador político y revolucionario. Nunca se vio él como un jefe militar enviado por Dios para liberar a su pueblo destruyendo a los romanos.

Pero, después de su crucifixión, cuando experimentaron que Dios lo había resucitado, entendieron que Jesús era el verdadero Mesías, el Enviado por Dios para ofrecer al mundo la salvación definitiva. Ya no había que esperar a ningún otro. Por eso, lo empezaron a llamar «Mesías». Pero, como en los pueblos y ciudades del Imperio se hablaba en griego, tradujeron su nombre y lo empezaron a llamar Cristo, que significa Mesías, Liberador, Salvador...


Y, ¿por eso nos llamamos nosotros «cristianos»?

Exactamente. Al principio, los que se adherían a Jesús se llamaban, al parecer, discípulos, seguidores, hermanos... Fue en una ciudad de Siria, llamada Antioquía, donde se empezaron a llamar por vez primera, «cristianos». Es un nombre hermoso y comprometido pues nos recuerda que, si seguimos a Jesús, nos hemos de sentir liberadores y nos hemos de preocupar de hacer entre todos un mundo más liberado, más digno y más humano, tal como lo quiere Dios.


¿Da lo mismo llamarle a Jesús de una manera o de otra?

No. Los judíos, los musulmanes, los budistas o los agnósticos hablan de «Jesús» porque éste es el nombre que le puso José al circuncidarlo. Sólo los cristianos lo llamamos además «Cristo» porque creemos que ese Jesús es el Enviado de Dios, el Mesías, el Salvador. También le llamamos «Jesucristo» pues, muy pronto los cristianos de la primera y segunda generación fundieron los dos nombres en uno: Jesucristo ó Jesús el Cristo.


Y, ¿cuál es la mejor manera de llamarlo?

En las celebraciones litúrgicas, cuando nos dirigimos al Padre, terminamos nuestra oración «por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...». Es la fórmula más completa. Lo llamamos «Jesús» porque ése fue su nombre en la tierra. Decimos que es «nuestro», no mío sino de todos. Es el «Señor» resucitado por Dios, Señor de toda la comunidad cristiana y del mundo entero, al que esperamos al final de los tiempos. Es el «Cristo», el Mesías Liberador. Y es el «Hijo», que nos lleva a todos hacia el Padre.


Nunca había pensado en todo esto. Y yo, ¿cómo lo podría llamar?

Cuando a una persona se le quiere mucho, no suele bastar un solo nombre. Hay cristianos que, de ordinario le llaman «Jesús»; es el nombre que más les dice; muchos han muerto pronunciando ese nombre bendito. Otros, al mirar al Crucificado, les sale espontáneamente invocarlo como «Cristo». Otros creyentes lo llaman «Amigo» pues lo sienten así. Algunos lo llaman «Maestro», pues desean aprender de él a vivir de otra manera. Muchos lo llaman «Señor» porque quieren seguirle fielmente. Otros lo viven como «Hermano».

¿Cómo podemos llamarle? Como a ti te salga de dentro. Lo importante es hablar con él.


 

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