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¿cómo se celebra el bautismo?

   

1.- Celebramos el Bautismo

                 

                      â

     participando

 

  Somos un pueblo de creyentes, que no se avergüenza de vivir su fe.  Hay algo que nos une, nos anima y nos llena de gozo:

                  Cristo vive entre nosotros.

  Este pueblo de creyentes se constituye cuando se reúne para celebrar un acontecimiento importante y expresar su fe.  Uno de estos acontecimientos es precisamente la celebración del Bautismo.

  En estas celebraciones, a nadie le está permitido ser indiferente; nadie puede conformarse con asistir y mirar, como si se tratara de un espectáculo que no nos afecta.  Todos tenemos que sentirnos interesados y participar. Las oraciones, los gestos, las preguntas y las respuestas son de todos y para todos, aunque se dirijan especialmente a los padres y padrinos.

  Todos tenemos derecho a enterarnos de lo que celebramos.

Eso es precisamente lo que este folleto trata de explicar bien la ceremonia del Bautismo.

  Por eso, al principio de la celebración del Bautismo, el sacerdote nos acoge y nos saluda, y los padres manifiestan públicamente cuál es el nombre de su hijo o de su hija; qué es lo que piden ellos y cómo poseen las disposiciones necesarias de fe y compromiso.

  La señal de la cruz, que el sacerdote, los padres y los padrinos hacen sobre la frente del niño, indica el signo bajo el cual se le acoge y el lema bajo el que se abre un nuevo camino para su vida: es ir haciendo alguien de Dios.

  En concreto, en esta primera parte de la celebración o «rito de acogida» las intervenciones de los padres y padrinos son las siguientes:

 

  Celebrante: ¿Qué nombre habéis elegido para este niño/a?

 

Padres:       N. (dicen el nombre que quieren ponerle)

 

Celebrante: ¿Qué pedís a la Iglesia para N...?

   

Padres:     El bautismo. (O bien otras respuestas que sean expresivas para vosotros, como, por ejemplo: 

               «la gracia de Cristo».

               «la entrada en la Iglesia»,

               «la vida eterna», etc.).

 

Celebrante:      Al pedir el bautismo para   vuestro hijo/a, ¿sabéis que os obligáis a educarlo en la fe para que guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el Evangelio?

 

  Padres:     Sí, lo sabemos.

   

Celebrante: Y vosotros, padrinos, ¿estáis dispuestos a ayudar a sus padres en esta tarea?

 

  Padrinos:    Sí, estamos dispuestos.

 

  Celebrante:     (Dirigiéndose a los niños/as).

 

La comunidad cristiana te recibe con gran alegría.  Yo en su nombre te signo con la señal de Cristo Salvador.  Y vosotros, padres y padrinos, hacedle también la señal de la cruz.

    (Después de hacer, el celebrante, la señal de la cruz sobre la frente al niño/a, lo hacen los padres y los padrinos).

 

2.-  Celebramos el Bautismo

 

  proclamando y  acogiendo la      palabra de dios

 

 

Si Dios es, en definitiva, el actor principal de la celebración, debemos escucharle y aceptar sus enseñanzas.  La Palabra de Dios se dirige a nosotros, nos llama y nos explica el sentido de lo que hacemos y nos compromete a portarnos conforme a lo que creemos.

  Y todo el que escucha la Palabra de Dios le debe una respuesta.  Aceptar lo que nos pide y decidirse en sinceridad a obrar consecuentemente, es la mejor prueba de que para nosotros la Palabra de Dios tiene sentido.  Esta es la finalidad que pretende la lectura y el comentario que se hace.

  Luego, nuestra fe se hace oración universal, sobre todo por el niño que va a ser bautizado, por sus padres y padrinos, por toda su familia y el pueblo de Dios.

  Los padres, los padrinos y la comunidad entera también deben participar en esta parte, llamada liturgia de la Palabra. ¿Cómo?. Así, por ejemplo:

 - Leyendo la lectura bíblica.

  - Escuchando atentamente la explicación del celebrante.

  - Respondiendo a las oraciones y meditando en su sentido.

  - Rezando las peticiones de la oración de los fieles y contestando: “Te rogamos, óyenos”.

 

  3.-  Celebramos el Bautismo

 

                 

   entendiendo los signos que se hacen durante su celebración.

 

 

El Bautismo supone dos elementos fundamentales: 

el primero es el agua, que significa la gracia y la intervención de Dios;

  el segundo es la fe, que indica la respuesta del hombre.

No debe, pues, extrañarnos que, antes de poner o realizar el bautizo, se nos pida la profesión pública de nuestra fe ante la comunidad renovando las promesas de nuestro Bautismo.

Este momento tiene una importancia extraordinaria, y sólo los que están dispuestos a comprometerse pueden responder con sinceridad.

Después, cuando todo está ya preparado, los padres y padrinos se acercan con el niño a la fuente bautismal.

  El sacerdote derrama agua sobre su cabeza y dice unas palabras:

                  «Yo te bautizo, en el nombre del Padre...»

  No es nada extraordinario, porque Dios acostumbra a obrar las cosas más grandes a través de los signos más sencillos.  Para los que creemos, esto es suficiente.  El agua está indicando la vida, la purificación, el nuevo nacimiento, la Muerte y Resurrección de Cristo... Lo importante no es la materialidad de los signos, sino lo que significan.

 

¿Que nos hemos revestido de Cristo?:

   Lo expresamos con el lienzo blanco que se impone al niño/a.

 

¿Que ha participado ya de la Resurrección del Señor?:

  Lo manifestamos encendiendo una vela en el cirio pascual.

 

¿Que hemos incorporado nuevos miembros a la Iglesia?:

  Lo indicamos con la unción del santo crisma sobre la cabeza de los bautizados.

 

Dios sigue amándonos profundamente y nos lo dice así, con signos, simplemente, porque éste es su modo de comunicarse con hombres de carne y hueso como nosotros.

  Estas son las intervenciones y respuestas principales de los padres y padrinos durante los ritos bautismales.

  Después de la bendición del agua, el celebrante dice:

 

Celebrante:     Queridos padres, padrinos, familiares y amigos: En el Bautismo, este niño que habéis presentado a la Iglesia va a recibir, por el agua y el Espíritu Santo, una nueva vida que brota del amor de Dios.

  Vosotros, por vuestra parte, debéis esforzaras en educarle en la fe y dando ejemplo, de tal manera que esta vida divina quede preservada del pecado y crezca en él día a día. ¿Estáis dispuestos a ello?

 

Todos:  Sí, estamos dispuestos.

  Celebrante: Así, pues, si estáis dispuestos a  aceptar esta obligación, recordando vuestro propio bautismo, renunciad al pecado y confesad vuestra fe en Cristo Jesús.

Celebrante:     ¿Renunciáis a creeros superiores a los demás: a vivir en el abuso, en la discriminación racial, el cinismo, el egoísmo y el desprecio a los diferentes?

   Todos:             Sí, renunciamos.

  Celebrante:     ¿Renunciáis a inhibiros ante las injusticias del mundo, lejanas y cercanas, por cobardía, pereza, comodidad o ventaja personal?

  Todos:              Sí, renunciamos.

  Celebrante: Renunciáis a comportamientos donde el dinero se pone por encima del servicio y del bien común, o donde sólo preocupe la felicidad individual y el puro negocio?

  Todos:          Sí, renunciamos.

 

Ahora es el momento de proclamar nuestra fe cristiana:

 

Celebrante:     ¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

  Todos:          Sí, creemos.

  Celebrante:     ¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Todos:          Sí, creemos.

  Celebrante:     ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

  Todos:         Sí, creemos.

 

En el momento del bautismo, el celebrante pide, una vez más, a los padres que expresen su voluntad de bautizar a su hijo en la fe de la Iglesia:

 

Celebrante:   ¿Queréis, por tanto, que vuestro hijo sea bautizado en la fe de la Iglesia que todos juntos acabamos de profesar?

  Padres y padrinos.:   Sí, queremos.

 

Y a continuación se bautiza al niño. El celebrante derrama agua sobre la cabeza del niño, mientras dice:

               N....                                                       

  Yo te bautizo en el nombre del Padre         

y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Nik bateatzen zaitut Aitaren

eta Semearen eta Espíritu

      Santuaren izenean.

   

Seguidamente vienen lo que se llama “ritos complementarios”, “acciones simbólicas” que van explicando con más detalle el sentido que tiene el bautizo.

   

A través de los símbolos, podemos entender mejor lo que se realiza y se recibe en el sacramento.

 

- El primer signo es la «crismación» o unción con el santo crisma en la cabeza del niño.

  El sagrado crisma es un aceite perfumado que el obispo consagra solemnemente el Jueves Santo.

  Inmediatamente después de ser Bautizado por el agua y el Espíritu Santo, el niño es ungido en la frente.

  Esta unción es también muy rica en simbolismo.

En la antigüedad se usó el extracto de ciertas plantas como perfume; así vemos en el evangelio cómo María Magdalena ungió a Jesús con aceite de nardo.

  El bautizado es perfumado para que vaya por el mundo exhalando el buen perfume de Cristo, con su vida intachable, rica de virtudes.

  También en la antigüedad se consagraban con aceite perfumado los reyes, sacerdotes y profetas.  Con la unción recibían la misión.

  Ahora bien, por el bautismo el cristiano se hace una cosa con Cristo y entra a participar de su misión.  Como Jesús es sacerdote, profeta y rey, también lo es el cristiano por su adhesión de Cristo en el Bautismo.

  Participar en la misión de Jesús es un honor, pero también un fuerte compromiso.  Jesús vino para traer el Reinado de Dios; un Reino de amor, de libertad, de justicia y de paz; y para salvar a los hom­bres.  Esta será pues la tarea del cristiano.

 

  - El segundo signo es la «vestidura blanca».  La madrina ha de llevar un paño blanco y  ponérselo al niño.

El vestido blanco significa alegría, luz, fiesta.

  En el Apocalipsis, el último libro de la Biblia, aparece el vestido blanco como símbolo de pureza y amistad con Dios; en la parábola del banquete, es echado fuera el atrevido que entró sin vestido de fiesta.

  En el bautismo, nos dan el vestido para que entremos en el banquete del cielo.

  Si se mancha, puede limpiarse en la confesión, pero nadie entrará al banquete sin él.  Otra exigencia para que el cristiano mantenga limpia la vida.

 

- El tercero signo es el «rito de la luz». Donde el padrino enciende el cirio que después regala al niño. El celebrante muestra el cirio pascual y dice: Recibid la luz de Cristo.

  Entonces el padrino enciende la vela en el cirio pascual.

  El cirio pascual es una vela gruesa muy ador­nada que se bendice solemnemente en la vigilia del Sábado Santo. Recordad: La noche de la Vigilia Pascual. Se enciende en la puerta del Templo una pequeña fogata de la que se enciende el cirio pascual y enseguida se organiza la procesión.  En esa noche de Pascua todos avanzan acompañando al cirio que representa a Cristo resucitado; cuando el diácono que lo lleva lo levanta triunfante y pro­clama: ¡Luz de Cristo!, los cristianos encienden en él sus velas.  Es un símbolo precioso: los cristianos reciben de Cristo la luz y ellos mismos se convierten en luz.

Pues bien, por el bautismo, los cristianos nos incorporamos también a Cristo y quedamos iluminados, porque Jesús es la luz; así le gustaba llamarse.

  Si la bombilla pierde su contacto con la central, se apaga; si el cristiano pierde su contacto con Jesús, también se apaga y va caminando por el mundo a tientas como un ciego.  Pero el mundo está lleno de luces y también de sombras.  Hay que volver a conectar con Jesús, la luz del mundo.  La vela es un bello símbolo de la fe que recibimos en el bautismo.

 

Terminamos la celebración del Bautismo

 

DESEÁNDONOS LA AYUDA DE DIOS Y de Los HERMANOS PARA CUMPLIR NUESTRA MISIÓN

 

Dios merece que le demos las gracias.  Nuestro hijo puede ya llamarle: «PADRE».  Por eso rezamos juntos el Padrenuestro llenos de gozo.

 

Padre nuestro que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy

nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación

y líbranos del mal.

 

Gure aita, zeruetan zarana:

santu izan bedi zure izena,

etor bedi zure erreiñua,

egin bedi zure naia,

zeruan bezela lurrean bere.

Emoiguzu gaur

egun ontako ogia.

Parkatu gure zorrak,

geuk bere gure zordunai

parkatzen dautsegun ezkero;

eta ez gu tentaldira eroan,

baiña atara gagizuz gatxetik.  

 

Y recibimos la bendición especial de Dios.

                              

Así se celebra el bautismo.  

Los que se habían congregado, se dispersan.  Ha nacido una nueva vida.  Pero no todo ha terminado.  Ahora nos espera una gran tarea.  Será preciso cumplir los compromisos asumidos, y conducir al niño a una madurez en la fe, que se irá expresando por la participación sucesiva en la primera Penitencia, la Primera Comunión: la Eucaristía y la Confirmación.

  Y si un día el niño acepta y hace suya la fe que le hemos dado, si esta fe llega a ser para él verdad de vida, en la Justicia y el amor, podremos decir que la misión ha sido cumplida.

  Es cierto que somos débiles, pero no hay por qué temer.  Dios está con nosotros si nosotros sabemos estar con El.  Su fuerza nos acompañará siempre, y también el estímulo de la comunidad.  La bendición final del sacerdote nos lo está indicando.

   

 felicidades.  zorionak.  

 

 

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