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J. A. Pagola

Contactos de la Parroquia Perdón, Amor El Día del Señor ¿Quién es Jesús?  

 

 

 

Grupo de liturgia

No se sube al cielo sin atravesar los nubarrones.

 

PARA LA SEMANA

 


 

Un lejano resplandor

¡Luz y energía interior!

¡Cuánta necesidad tenemos

de ambas, Señor!

Pero tú alumbras

desde el otro lado del monte

y lo que es ver,

sólo vemos un lejano

y tenue resplandor.

Nuestra sociedad tiene

tantas ganas de ver

luces deslumbrantes
y ángeles voladores,
que les resulta irrelevante

aquella fe que movía montañas

en los albores

históricos de tu resurrección.

Hoy necesitamos, Señor,

espectáculo religioso,
cimentado con sacos

de oro y estimulado

con premios televisivos.

¿No te dijo Pedro

que eras demasiado humilde,

demasiado expuesto

al riesgo cotidiano

y al peligro fatal?

Pero tú seguías

repitiendo que nos basta la fe

y que la prosecución

de tu obra nos llevaría

a tus mismas aventuras.

Oh, ¡cómo sentimos hoy,

cuando te contemplamos

y escuchamos,

el calor de tus manos,

callosas de tanto bregar,

y la musculatura de tus pies,

resistentes a kilómetros

y emboscadas!

¡Cómo nos conmueve

tu inmensa Humanidad,

hecha brillo sin límites

con tu oculta resurrección!


Hace gritar a nuestros corazones,
como a las rocas del sepulcro

cuando te tuvieron en su seno,

hasta que estallaron

y saltaron por los aires!

Así quisiéramos saltar

nosotros con tu poder,

desde las expectativas

vacías, al compromiso

que rasga al cielo;

desde la esperanza pasiva,

a la audacia de la acción;

y desde los templos, al mundo.

Empújanos, Señor resucitado, Amigo.
 

CONTRAPORTADA

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El cristiano, como el mismo Jesús, debería vivir deseando la intervención de Dios, esperándole ardientemente porque desearíamos no ya la rutina de cuanto hemos disfrutado en esta vida, sino de la seguridad de no perderlo para siempre.

 

 


 

 

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