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SUGERENCIAS PARA LA HOMILIA

 


 

Gustad y ved qué bueno es el Señor


Hoy, quizá sea la antífona del Salmo 33 la mejor clave de lectura para nuestra reflexión y meditación, pero también, el punto de inflexión donde nuestra transformación personal y comunitaria, pueda encontrar sentido y fuerza.

´Gustad y ved qué bueno es el Señor`


Creemos en un Dios que quiere que saboreemos cuanto nos ama, por eso se encarna, se da a conocer, se acerca a todos, elimina toda distancia. Creemos en un Dios que nos sienta a su mesa para ofrecernos un banquete donde el manjar que se sirve es Él mismo. Por muy paradójico que pueda parecer, tenemos un Dios que quiere que lo escuchemos, pero que también lo comamos y bebamos para que vivamos su vida en plenitud.

¡Claro! Esto puede parecernos escandaloso, pues pensar en Dios está bien, ofrecerle oraciones y sacrificios también. Pero aferrarnos a su mano, vivir de Él y en Él, comerlo y beberlo, eso quizá ya sea demasiado. De hecho, ésta es la reacción de la falsa fe, de esa que en el texto representan los judíos, pero que perfectamente también puede ser la nuestra.

Sin embargo, Jesús nos dice en el Evangelio -y en cada Eucaristía-: ´El que come de este pan, vivirá siempre…` En efecto, tomando el camino realista de los sentidos, supera cualquier concepción cerebral, fría y ritual de lo religioso y queriendo ponerse a nuestro alcance se queda en un pan y un vino que son Él mismo en su carne y sangre, una carne y una sangre que son verdadera comida y verdadera bebida para vivir en eterna alegría.

´Gustad y ved qué bueno es el Señor`

Dios no sólo quiere que lo alcancemos a través de oraciones y razonamientos, sino que quiere llegarse a nosotros a través de un trozo de pan y un vaso lleno, memoria de su entrega y compartir en razón de un proyecto concreto de fraternidad, de comunión. Comunión que es plenitud de vida, pero plenitud no de cualquier tipo o estilo, ni mucho menos plenitud o a cualquier precio. De hecho, la entrega y el compartir, por y en nombre de esa plenitud, nos hablan de que:

1) La sabiduría divina y el conocimiento de Dios no pasan por el llenarse con los criterios del mundo y vivir la fe eucarística como un añadido desconectado de la propia vida, sino por el llenarse del Espíritu, como nos exhorta Pablo en la Carta a los Efesios, por un llenarse de Aquel que le dará sentido a nuestras vidas y Eucaristías.

2) Sí Jesús se hace comida y abrazo para nosotros, esto no nos puede ser indiferentes -esto es lo que significa hacer memoria-, que debemos honrar lo que celebramos con nuestra vida de todos los días. ¿Cómo? Haciendo de nuestra vida un sacrificio consciente y alegre, una entrega generosa y no recortada… un continuo compartir hasta quedarnos sin nada.

´Gustad y ved qué bueno es el Señor`

Si no estamos dispuestos a acoger estas exigencias, duras sin duda, pero las únicas que valen la pena, nos habremos quedado en la vivencia de un Dios lejano, frío y racional que nada nos dice; ni a nuestra vida, ni a la de nuestros hermanos. Un Dios que más bien sería un ídolo hecho a nuestra imagen y semejanza, un Dios que no es el Padre de Jesús: ´el Pan vivo bajado del cielo`.

Jesús nos invita a comerlo para llenarnos de su Espíritu y Vida, para luego poder partirnos y repartirnos a los demás como signo veraz de comunión. Puede parecernos demasiado duro el mensaje de hoy, pero ¿qué pasaría en nuestras vidas... si nos animásemos a vivir, tan siquiera un poquito, lo que Jesús nos dice? La alegría que poseeríamos sería tan grande que ya no podríamos renunciar a vivir fuera del estilo de vida de Jesús. Nuestra vida se habría transformado.

Hay una famosa película: El festín de Babette, donde plásticamente, a través de una historia sencilla, se expresa que esto es posible. La protagonista, Babette, da en la comida que organiza, todo lo que sabe y tiene: su talento como cocinera y el premio de un billete de lotería. Pero es su actitud de esfuerzo alegre, entrega de sí y compartir hasta el extremo, lo que transformará la vida de sus invitados. Esa fiesta, ese banquete sin duda puede decirse que acogió un tono verdaderamente eucarístico. ¿Somos capaces nosotros de lo mismo en los pequeños y en los grandes momentos de nuestra vida individual y colectiva? Pidamos entonces esa Gracia...

SERGIO LÒPEZ






Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado (Jn 6, 44)



Preguntas y cuestiones


¿Cuántas veces nos creemos que nuestra fe es mérito nuestro, no nos damos cuenta que la fe es un regalo que Dios nos ha hecho?

¿Cuántas veces pensamos que tenemos derecho por creer a salvarnos, no somos conscientes que eso solo depende de Dios?

¿Cuántas veces pretendemos ir al Padre por nuestros propios medios? La voluntad de Dios es que nos fiemos de Él.


 

 

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