La familia cristiana

cabecera-el-domingo
REFLEXIÓN «LA CONTRA». EL DOMINGO Nº 1203. 26 de diciembre de 2021.

La familia cristiana es…

La que vive en la ternura.

La ternura es como el aire de la casa. Todos se sienten aceptados y queridos, por encima de sus merecimientos. Se sienten necesitados unos de otros, sea del consejo, sea del servicio, sean del beso y la sonrisa. La ternura llena la mirada de comprensión y compasión. Es que la ternura es hija del amor.

Y también se hermana con el humor que es una manera de ver las cosas limpia, tolerante, cariñosamente. EI humor es muy sano en las familias, para rebajar tensiones, para superar momentos difíciles, para llenar vacios y para poner en todo el toque de la alegría.

El que se siente amado es un hombre sano y capacitado para amar. Y lo hará no solo dentro del recinto familiar sino fuera. Tratará de ampliar las paredes de la casa, para que quepan todos.

La que se ejercita en la austeridad.

La austeridad, hoy sobre todo, es virtud y es necesidad. La familia, sabemos, es campo abonado para el consumismo. Difícil para los amos y las amas de casa no caer en esa trampa.

Si la familia entra en la dinámica consumista, pierde su espíritu. Ganará muchas cosas, podrá llenar la casa de cosas, vivirá confortablemente, pero sin alma.

La austeridad, en cambio, produce libertad y ayuda a dar el valor justo a cada cosa. Et trabajo, por ejemplo, no será solo un medio para ganar mucho dinero, sino para ser. Sabe que el dinero es importante, por eso no lo malgasta. Es fácil comprender que de la austeridad a la solidaridad no hay más que un paso. Todos estos valores, la libertad, el trabajo creativo, la solidaridad, son la base de un Nuevo Orden Internacional.

La que asume las dificultades y la dureza de la vida.

La primera dificultad es vivir la comunidad. La convivencia prolongada puede originar cansancio, roces o simplemente aburrimiento. Para convivir es preciso conmorir. Para compenetrarse hay que vaciarse. Para compartir hay que ceder.

Hay otras muchas dificultades, por el trabajo, la salud, las insatisfacciones o desilusiones y los problemas de cada día. La familia cristiana entiende que en todas estas dificultades se hace presente la cruz de Cristo.

La que anima la creatividad.

No es cuestión de repetir siempre las mismas tradiciones y comportamientos. Hay que limpiar el polvo de la rutina. Hay que estar abiertos a la sorpresa. Hay que estimular el crecimiento, no solo vegetativo, sino espiritual.

Cada día hay que cuidar el detalle y cultivar el amor. Cada día hay que vigilar y limpiar los cristales de la mirada. Cada día hay que ensanchar la capacidad de acogida y entrega.

En esta escuela se aprende pronto el espíritu crítico. Hoy nos resulta más necesario que nunca. Es tal la cantidad de mensajes, de reclamos, de propaganda, de seducciones, de mentiras, que es imprescindible aprender a pensar por cuenta propia, aprender a discernir y valorar. Si tú no piensas, otros te pensarán, y entonces terminarás convirtiéndote en auténtica marioneta.